Gonzalo Justiniano

Considerado uno de los directores más importantes de los últimos 30 años, Gonzalo Justiniano (1955) comenzó su carrera en un contexto adverso para el cine chileno, y la cultura en general. Es desde esa adversidad que levanta películas que dan cuenta de esos duros momentos, de esa crisis social y de la represión dictatorial, siempre con un pie en la realidad, pero dando también lugar a lo onírico como un aspecto estéticamente provocador. Ahora, con el estreno de Cabros de mierda (2017), la Cineteca Nacional de Chile entrega una selección de sus más destacados largometrajes de ficción, para una necesaria revisión de una obra fundamental. Además, se adjunta su primera película rodada en Chile, el documental La Victoria (1984).

Algunas películas en línea:

  • La Victoria (1984)
  • Hijos de la guerra fría (1986)
  • Sussi (1988)
  • Caluga o menta (1990)

Gonzalo Justiniano estudia en el colegio Saint George, y sigue luego algunos cursos de Agronomía y Psicología, mientras asiste paralelamente a la Escuela de Cine de la Universidad Católica. Abandona el país a los veinte años y tras un breve tránsito por otros países europeos, se instala en Francia, donde permanece entre 1976 y 1983. Estudia cine en la Universidad de París VIII (Vincennes) y en la Escuela de Cine Louis Lumière, y realiza, paralelamente, algunos documentales.

Regresa a Chile como corresponsal extranjero de la Televisión Francesa y de algunos canales norteamericanos. Comienza a grabar las protestas contra la dictadura y se adentra en el mundo de la periferia de Santiago, realizando entre 1983 y 1984, los clarificadores y lúcidos documentales La Victoria y Guerreros pacifistas. Presenta en 1986 su primer largometraje, Los hijos de la guerra fría, una mirada crítica hacia la complicidad de la clase media con la moralidad de la dictadura, retratando a la burguesía de la época a través de la historia de una pasión de una pareja “clásica” de funcionarios de una oficina. La cinta, a pesar de ciertas reservas de la crítica, es acogida con benevolencia en algunos festivales internacionales. En 1988, Sussi, su siguiente largometraje, cuenta la historia de una mujer recién llegada del campo a la ciudad, y su aventura en el intento de ser estrella, empeño en el cual no muestra excesivos escrúpulos, participando incluso en una campaña publicitaria nacionalista “para la unidad de la patria”.

Justiniano funda su propia productora, Arca Films, que luego se transforma en Sahara Films. En 1990, ya en  democracia, presenta Caluga o menta. La película recibió el premio al Mejor Director de film latino en el Festival de Cine de Nueva York de 1991. Muy premiada fue su película siguiente, Amnesia, de 1994, que narra el reencuentro de dos hombres, veinte años después de haberse enfrentado en los años de la dictadura. Es uno de los mejores films chilenos de la década del 90, y es con justicia galardonado en Trieste, Berlín, La Habana, Huelva y otros torneos internacionales. Es uno de los pocos directores de cine que no se deja tentar por el trabajo en publicidad, y tampoco cede fácilmente a las tentaciones de la televisión, para la cual, sin embargo, dirige entre 1997 y 1998 la miniserie de televisión Historias de Sussi, que procura revivir el éxito de público que obtuvo el film original. En 1999 estrena Tuve un sueño contigo, una historia de traiciones, seducción y peligros, con algunos elementos de thriller. Los componentes de la vida  popular, ya presentes en Sussi y Caluga o menta, vuelven con fuerza en El Leyton,  estrenada el año 2002, que transcurre en una aldea de pescadores. El año 2004 presenta su séptimo largometraje, B-Happy, que aborda la historia de una joven que conoce a su padre tras una diez años de ausencia y que se entera que ésta se debe a que ha estado todo ese tiempo en la cárcel. Sus siguientes películas toman tintes más genéricos y con intenciones más comerciales, primero con la comedia Lokas (2008) y ¿Alguien ha visto a la Lupita? (2011), esta última una coproducción internacional protagonizada por la popular cantante mexicana Dulce María. Finalmente, con Cabros de mierda (2017), señala un retorno a sus más profundas intenciones autorales.

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