Las películas de Chilefilms: 1944-1949

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Presentamos en este especial ocho películas online producidas por Chilefilms, fotografías de los rodajes de algunas de estos filmes, además de dos extractos de libro  “Chilefilms, el Hollywood criollo”, editado por Cuarto Propio (2014), de María Paz Peirano y Catalina Gobantes (Editoras), que explican el surgimiento, desarrollo y fracaso de la empresa.

Uno de los grandes hitos del cine chileno es la creación de Chile films en 1942, un proyecto que buscaba levantar una industria fílmica en el país. Se trajeron técnicos y directores desde el extranjero -principalmente desde Argentina- para liderar la producción y, también, para que bajo sus aleros pudieran formar a nuevas generaciones de cineastas chilenos. Fue una decena de películas que se rodaron bajo el sello, con dispares resultados artísticos y financieros, que finalmente llevaron al proyecto a su fin en 1949. Quedaron filmes ostentosos, de grandes decorados y, en su mayoría, con temáticas cosmopolitas (incluyendo adaptaciones de novelas europeas) con la idea de que tuviera un recorrido internacional que aumentara las ganancias. Hoy se aprecian como curiosidades, pero también, con algunos aciertos cinematográficos que las hacen imprescindibles de ver y analizar.


Rodajes de: Amarga verdad, La casa está vacía, El último guapo.

*Extracto que forma parte del libro “Chilefilms, el Hollywood criollo”, editado por Cuarto Propio (2014). María Paz Peirano y Catalina Gobantes (Editoras).

Durante la década de 1940 se vivió en Chile uno de los mayores momentos de expansión de la producción cinematográfica local y la esperanza en el porvenir industrial de nuestro cine empezó difundirse con creciente optimismo en los diversos medios especializados. La creación de Chilefilms en 1942 fue un factor determinante para ello, puesto que concretaba el histórico anhelo de contar con el respaldo del Estado para la promoción de la industria cinematográfica nacional, viendo renacer ilusiones que hacía tiempo se venían fraguando en el medio local. Significaba un nuevo impulso al cine chileno, que parecía que iba a tomar el lugar que le correspondía a ojos de quienes habían luchado años por este reconocimiento.

Chilefilms fue, durante esta época, una empresa de producción cinematográfica y servicios asociados financiada mayormente por el Estado de Chile a través de la recientemente creada Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Su principal objetivo era potenciar la creación de una industria local mediante el aumento y la continuidad de la producción. Para ello se construyeron grandes estudios cinematográficos en Santiago, se realizaron contrataciones internacionales y se promovió la formación de técnicos en las distintas áreas que abarcaba la industria. Se esperaba realizar películas de vocación cosmopolita, con marcado acento urbano, que permitieran que el cine chileno compitiera a nivel internacional.

Chilefilms venía a cumplir la promesa de refundar el cine chileno. Tras una década de ensayos y experimentación, y en el marco de un impulso industrializador de proporciones inusitadas en el país, parecía factible esperar que la cinematografía nacional se encumbrara al lugar que ya ocupaban el cine mexicano y argentino, para lo cual se suponía que debía emular el modelo estadounidense de producción fordista y transformar a Chile en un verdadero Hollywood criollo.

*Extracto que forma parte del libro “Chilefilms, el Hollywood criollo”, editado por Cuarto Propio (2014). María Paz Peirano y Catalina Gobantes (Editoras).

La producción de Chilefilms no fue la esperada, ni cuantitativa ni cualitativamente. La empresa estrenó sólo 9 películas de producción propia entre 1944 y 1947: Romance de Medio Siglo (Moglia Barth 1944), La casa está vacía (Schlieper 1945), Amarga Verdad (Borcosque 1945), El Padre Pitillo (De Ribón 1946), La dama de la muerte (Christensen 1946), El hombre que se llevaron (Délano 1946), La dama de las Camelias (Bohr 1947) El diamante del Maharajá (De Ribón 1947), y El último guapo (Lugones 1947). Posteriormente, entre 1949 y 1951, participó en 4 coproducciones: El paso maldito (Matter 1949), Esperanza (1949), Surcos de sangre (Hugo del Carril 1950), y El último galope (Luis Morales 1951). La crítica, en un comienzo optimista, fue demoledora con casi todas las producciones. Ello aun cuando, contrario a lo que generalmente se ha sugerido, varias de ellas efectivamente tuvieran buena acogida del público. Los críticos no sólo analizaron negativamente los argumentos y la calidad general de las películas, sino sobre todo atacaron su falta de “interés local”.

Con el afán de llevar a cabo una producción nacional moderna y de exportación, Chilefilms se había abocado principalmente a la realización de películas cuya “universalidad” implicaba hacer un tipo de cine que se pudiera consumir en otras partes del mundo. Las películas de Chilefilms incorporaban, por tanto, no sólo “estrellas” locales como Lucho Córdoba, sino también figuras internacionales, como Luis Sandrini. Asimismo, Chilefilms propiciaba la filmación de historias que no habían sido escritas sólo en función del contexto local, sino que tuvieran un aire urbanoy cosmopolita. De esta manera, las películas de la empresa no se basaban en costumbres chilenas ni mostraban “tipos humanos locales”, ni tampoco se enmarcaban en los paisajes naturales del país; todo lo cual, como mencionamos, era la tendencia habitual (y esperada) del cine chileno de la época. De esta manera, por ejemplo, El diamante del Maharajá transcurre en una exótica India filmada en los estudios de Avenida Colón y en exteriores en Valparaíso. Y si bien películas como El Padre PitilloLa dama de las Camelias, o El último guapo, hacen alguna referencia a nuestro país, mostrando escenas del Chile urbano de los ’40, ciertamente no descansan en un relato identitario local.

Además de la recepción negativa de la crítica, si bien algunas películas de Chilefilms se comportaron como “éxitos de taquilla” local (si consideramos el promedio habitual de la época), sus ingresos nunca bastaron para cubrir los altos costos de producción. En Chile el mercado era pequeño y el formato supuestamente “universal” de las películas nunca logró una buena distribución ni recepción fuera de Chile.

Quizás porque las expectativas respecto a la empresa eran tan desmedidas, la frustración que provocaron sus resultados y el desconcierto frente a sus pérdidas generaron una enorme controversia. A través de la prensa de la época se culpó a los dirigentes de Chilefilms de incompetencia, corrupción, anti-patriotismo y hasta contrabando de celuloide. Si bien estas denuncias eran en parte explicables por el clima político del momento -caracterizado por las tensiones de la posguerra y la reñida elección presidencial de Gabriel González Videla-, los problemas que debió enfrentar no eran ajenos a las características propias del resto de la industria cinematográfica en Chile.

Durante este periodo no sólo aumentaron los costos de producir debido a la inflación, sino que, al no ser el celuloide precisamente una prioridad, su importación se vio seriamente afectada. Lamentablemente, gran parte de la prensa especializada de la época ignoró estas circunstancias, ya fuera por un real desconocimiento o enceguecida por el crispado clima político. Los medios se enfocaron, por tanto, en buscar explicaciones en otros aspectos de las actividades de la empresa.

La filmación de Esperanza marcó el inicio del fin de la empresa como productora de películas. Más allá de sus problemas técnicos y de guión, las críticas se centraron en el carácter extranjero de la temática, de la ambientación y de sus protagonistas, acusándosela incluso de ser una cinta de propaganda argentina. Ello parecía ignorar que, efectivamente, se trató de una coproducción donde Chilefilms sólo participó aportando sus equipos técnicos y estudios. Como vemos, al fracaso económico de la empresa se le sumó uno simbólico: el de no haber logrado nunca representar efectivamente a la comunidad nacional en sus gestiones.

Luego del desastre de Esperanza y del discreto resultado de las siguientes dos coproducciones de la empresa, la administración de Chilefilms terminó de convencerse de que era preferible dedicarse exclusivamente al arriendo de sus estudios. El 31 de agosto de 1950 se firmó el contrato de arriendo de los estudios Chilefilms por una nueva sociedad cinematográfica integrada por los hermanos Emilio y Armando Taulis, José Silva, René Olhaberry y Jorge Di Lauro.

Una vez finalizada la labor productiva de Chilefilms, los problemas que había enfrentado la empresa persistieron y habrían de afectar gravemente a toda la industria cinematográfica del país. Al iniciarse la década de 1950, el descontrol de la inflación hacía imposible mantener la expansión del gasto público que requería la política de industrialización tal como había sido concebida. En este marco, la CORFO ya no podía seguir siendo la fuente de apoyo que había sido en el pasado, ante lo cual se decidió que el Estado debía deshacerse de sus “inversiones ruinosas” – entre las que se contaba Chilefilms.

Películas online:

  • Romance de medio siglo
  • Amarga verdad
  • La casa está vacía
  • El diamante del Maharaja
  • El hombre que se llevaron
  • La dama de la muerte
  • La dama de las camelias
  • El último guapo
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