Marcelo Montecino: “Franklin es el lugar perfecto para un fotógrafo”

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14 de diciembre de 2018 Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Desde 1962 que Marcelo Montecino retrata a la gente, los objetos y las casualidades del conocido Barrio Franklin de Santiago. Un vestido de novia en venta en la calle, un par de zapatos usados y un coche abandonado en la vereda son algunas de las fotografías seleccionadas para la exposición que desde la próxima semana se presenta en la Galería Fotografía Chilena del Centro Cultural La Moneda. “Para mí, una buena fotografía es la que está fuera de contexto”, dice.

A los 11 años comenzó su fascinación por la fotografía. En ese entonces, su laboratorio de revelado era la cocina de la casa donde vivía en Estados Unidos –país donde vivió por 35 años, con sucesivos viajes a Chile- y su equipo era una pequeña caja que había comprado con papeles y químicos. Marcelo Montecino (75) al comienzo fotografiaba todo lo que veía, pero con el tiempo y la experiencia adquirió el gusto por retratar lo que más le llamaba la atención: la gente y la presencia humana. “Yo diría que un 97% de mis fotos son de personas y de sus alrededores. Soy bien monotemático en ese sentido; siempre la gente, la ciudad, la pobreza y el conflicto”, dice.

En la enseñanza secundaria profesionalizó sus fotografías, cuando trabajó para el diario del colegio y más tarde, mientras estudiaba Relaciones Internacionales en la George Washington University y un máster en Literatura Hispanoamericana, continuó fotografiando personas y situaciones en colaboración con conocidos medios estadounidenses, como The Washington Post.

 En uno de sus constantes viajes a Chile, debido a que sus padres eran chilenos, el año 1973 visitó el país: “Me involucré bastante en el proceso que se estaba viviendo, salí a fotografiar marchas y todo el hervidero que era ese año”. En ese mismo período también viajó por su cuenta a Centroamérica registrando los conflictos sociales en Nicaragua y trabajando para diversas revistas.

Luego de más de cincuenta años de trayectoria en fotografía, más de diez publicaciones y veinte exposiciones, Montecino fue distinguido por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile con el Premio a la Trayectoria en Fotografía Antonio Quintana 2017.


 El encuentro con lo fortuito

En 1962, a los 19 años, Marcelo Montecino quedó impresionado por la pobreza que vio en el país, lo que lo hizo salir a fotografiar. En ese contexto es que llega al Barrio Franklin, sin saber que registraba las primeras fotografías de lo que se convertiría en la exposición que hoy presenta en el Centro Cultural La Moneda: “Yo en ese entonces no sabía qué era el Barrio Franklin, pero me había acercado a él. No sé por qué naturalmente giré a ese lado de Santiago”, dice.

Veinte años después, en otra de sus visitas al país, llegó con su cámara a Franklin nuevamente: “Iba casi todos los fines de semana, y se convirtió en un hábito hasta hoy en día. Iba a cachurear y a mirar, porque Franklin es el lugar perfecto para un fotógrafo. Tanto detalle, tanta cosa, tanta gente, tanta alegría también. Aunque son cachureos, la gente es bastante alegre y muy amigable. Además llevaba a mis hijos, que lo pasaban súper bien allá”, recuerda el fotógrafo. Actualmente su hijo mayor vive en el extranjero, pero cada vez que viene a Chile van juntos a Franklin.

La idea de armar una exposición con el material recaudado en Franklin nació hace diez años, bajo el precepto de encontrarse con situaciones, objetos y personas fuera de contexto, fortuitas y que esconden una historia tras ella. De hecho, el mismo nombre de la exposición viene de la definición del poeta Lautréamont sobre surrealismo, frase que siempre le llamó la atención al fotógrafo: tan bello como una máquina de coser y un paraguas sobre una máquina de disección“Para mí, una buena fotografía es la que está fuera de contexto”, acota Marcelo Montecino.

Un vestido de novia en venta colgado en la calle, unos zapatos usados o un coche abandonado en una vereda son algunas de las fotografías presentes en la exhibición que retratan una historia escondida y una casualidad: “En esta exposición la mayoría de las fotos tienen una carga nostálgica muy grande y fuerte. No es solamente lo que aparece en la foto, sino también lo que podría haber detrás de la foto. Además hay un contexto político, de época”, dice Andrea Aguad, la curadora. Así, la muestra está formulada con un relato cronológico, en el cual la selección de 60 fotografías hablan de un contexto social y político y de los cambios ocurridos en el Barrio Franklin.


Más información de la exposición en el siguiente enlace:
 La máquina de coser y el paraguas. Franklin (1968 – 2018)