PATRIMONIO AUDIOVISUAL

En Chile se han producido registros cinematográficos desde 1897, siendo las primeras imágenes filmadas en Iquique por Luis Oddó: Una cueca en Cavancha; El desfile en honor de Brasil; La llegada de un tren de pasajeros a la estación de Iquique; Bomba Tarapacá Nº7 y Grupos de gananciosos en la partida de Football entre caballeros de Iquique y de la pampa. Durante los primeros años predominaron las actualidades y el punto más alto se vivió durante el Centenario de 1910, año de la realización del primer film de argumento chileno, Manuel Rodríguez, con dirección artística de Adolfo Urzúa. A partir de la década del veinte se han realizado obras de ficción, habiendo períodos de alta producción como 1925. Un total de 82 largometrajes de ficción y dos filmes de animación fueron realizados durante el periodo silente, que se extendió hasta 1934 en nuestro país, fecha de estreno de Norte y Sur, de Jorge Délano Coke, la primera película sonora chilena. La mayor parte de las cintas del era silente se encuentra desaparecida y solo se conservan tres largometrajes completos: El húsar de la muerte, 1925; Canta y no llores, corazón, 1925 y El Leopardo, 1927; y fragmentos de Vergüenza, 1925.

Una parte importante de la producción histórica de los treinta en adelante también está extraviada y aún no es posible dimensionar plenamente esta pérdida. La falta de archivos especializados e institucionalidad cultural y, particularmente, la escasa valoración del cine como patrimonio, no hicieron posible una salvaguarda adecuada del patrimonio audiovisual. En 1942 se creó la empresa estatal Chile Films, que fue un polo productivo en la ficción y los noticieros, realizando también documentales. Por otra parte, se vivió un periodo relevante durante los sesenta con el Nuevo Cine Chileno, en el contexto del Nuevo Cine Latinoamericano impulsado por los Festivales de Viña del Mar de 1967 y 1969. El registro documental tiene especial interés en los sesenta, al alero del Cine Experimental de la Universidad de Chile, el Instituto Fílmico de la Universidad Católica y, en los setenta, otros polos de producción como la CUT y la UTE, además de Chile Films.

Durante la dictadura, muchos cineastas chilenos fueron exiliados y continuaron su quehacer en el extranjero. La producción interna se redujo a lo mínimo y ello dio lugar a que en los ochenta, destacase la gran cantidad de obras en video. En los años noventa surge un nuevo momento, con una industria audiovisual incipiente, con mecanismos estatales que han promovido su desarrollo, logrando a partir de 1999, un fuerte incremento en la producción audiovisual.

Entidades cinematecarias han existido desde comienzos de los sesenta. La Cineteca Universitaria de la Universidad de Chile, creada en 1961, conformó un archivo y una actividad de difusión importante, logrando realizar la primera restauración de El húsar de la muerte. Esta institución fue clausurada en 1973 y logró reabrirse en 2008. Otro tanto hizo en la salvaguarda y difusión de material el Instituto Fílmico y la EAC, ambos de la Universidad Católica. Por otra parte, la Cinemateca de la Universidad Técnica del Estado cerró a comienzos de los ochenta y sus archivos recién aparecieron en 2010 y hoy están depositados en la Cineteca Nacional. Algunas universidades han mantenido pequeñas colecciones y actividades de difusión, como la Cineteca de la Universidad Católica de Valparaíso y el Archivo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. También se han constituido algunas entidades privadas, como la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento y la Cinemateca del Pacífico.

En el año 2006, por impulso del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, se creó la Cineteca Nacional, que cuenta actualmente con condiciones técnicas y de personal para abordar en forma sistémica la urgente tarea de preservar y difundir el patrimonio audiovisual del país.

Desde su creación, la Cineteca Nacional ha mantenido una campaña de recuperación de patrimonio audiovisual. Una primera tarea fue realizar un catastro de los materiales chilenos en el exterior, incluyendo películas hechas por chilenos en Chile y en el exilio, y por extranjeros sobre Chile que se encontraban en instituciones cinematecarias en catorce países del mundo. La investigación consiguió reunir antecedente sobre 3.674 materiales, de los cuales 510 títulos son obras, en su mayoría, de cineastas chilenos. A partir de estos datos, la Cineteca Nacional ha realizado una labor de repatriación, que ha permitido retornar a Chile obras de todos los tiempos que se encontraban en Argentina, Uruguay, Cuba, Canadá y Estados Unidos, siendo una tarea que aún tiene nuevos desafíos.

Por otra parte, se han realizado procesos de restauración de patrimonio audiovisual, con la recuperación de 16 obras cinematográficas chilenas y mundiales. La Cineteca cuenta hoy en su archivo con 4.219 títulos de cine, de los cuales alrededor de un 30% corresponde a obras chilenas.

En Chile se han producido registros cinematográficos desde 1897, siendo las primeras imágenes filmadas en Iquique por Luis Oddó: Una cueca en Cavancha; El desfile en honor de Brasil; La llegada de un tren de pasajeros a la estación de Iquique; Bomba Tarapacá Nº7 y Grupos de gananciosos en la partida de Football entre caballeros de Iquique y de la pampa. Durante los primeros años predominaron las actualidades y el punto más alto se vivió durante el Centenario de 1910, año de la realización del primer film de argumento chileno, Manuel Rodríguez, con dirección artística de Adolfo Urzúa. A partir de la década del veinte se han realizado obras de ficción, habiendo períodos de alta producción como 1925. Un total de 82 largometrajes de ficción y dos filmes de animación fueron realizados durante el periodo silente, que se extendió hasta 1934 en nuestro país, fecha de estreno de Norte y Sur, de Jorge Délano Coke, la primera película sonora chilena. La mayor parte de las cintas del era silente se encuentra desaparecida y solo se conservan tres largometrajes completos: El húsar de la muerte, 1925; Canta y no llores, corazón, 1925 y El Leopardo, 1927; y fragmentos de Vergüenza, 1925.

Una parte importante de la producción histórica de los treinta en adelante también está extraviada y aún no es posible dimensionar plenamente esta pérdida. La falta de archivos especializados e institucionalidad cultural y, particularmente, la escasa valoración del cine como patrimonio, no hicieron posible una salvaguarda adecuada del patrimonio audiovisual. En 1942 se creó la empresa estatal Chile Films, que fue un polo productivo en la ficción y los noticieros, realizando también documentales. Por otra parte, se vivió un periodo relevante durante los sesenta con el Nuevo Cine Chileno, en el contexto del Nuevo Cine Latinoamericano impulsado por los Festivales de Viña del Mar de 1967 y 1969. El registro documental tiene especial interés en los sesenta, al alero del Cine Experimental de la Universidad de Chile, el Instituto Fílmico de la Universidad Católica y, en los setenta, otros polos de producción como la CUT y la UTE, además de Chile Films.

Durante la dictadura, muchos cineastas chilenos fueron exiliados y continuaron su quehacer en el extranjero. La producción interna se redujo a lo mínimo y ello dio lugar a que en los ochenta, destacase la gran cantidad de obras en video. En los años noventa surge un nuevo momento, con una industria audiovisual incipiente, con mecanismos estatales que han promovido su desarrollo, logrando a partir de 1999, un fuerte incremento en la producción audiovisual.

Entidades cinematecarias han existido desde comienzos de los sesenta. La Cineteca Universitaria de la Universidad de Chile, creada en 1961, conformó un archivo y una actividad de difusión importante, logrando realizar la primera restauración de El húsar de la muerte. Esta institución fue clausurada en 1973 y logró reabrirse en 2008. Otro tanto hizo en la salvaguarda y difusión de material el Instituto Fílmico y la EAC, ambos de la Universidad Católica. Por otra parte, la Cinemateca de la Universidad Técnica del Estado cerró a comienzos de los ochenta y sus archivos recién aparecieron en 2010 y hoy están depositados en la Cineteca Nacional. Algunas universidades han mantenido pequeñas colecciones y actividades de difusión, como la Cineteca de la Universidad Católica de Valparaíso y el Archivo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. También se han constituido algunas entidades privadas, como la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento y la Cinemateca del Pacífico.

En el año 2006, por impulso del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, se creó la Cineteca Nacional, que cuenta actualmente con condiciones técnicas y de personal para abordar en forma sistémica la urgente tarea de preservar y difundir el patrimonio audiovisual del país.

Desde su creación, la Cineteca Nacional ha mantenido una campaña de recuperación de patrimonio audiovisual. Una primera tarea fue realizar un catastro de los materiales chilenos en el exterior, incluyendo películas hechas por chilenos en Chile y en el exilio, y por extranjeros sobre Chile que se encontraban en instituciones cinematecarias en catorce países del mundo. La investigación consiguió reunir antecedente sobre 3.674 materiales, de los cuales 510 títulos son obras, en su mayoría, de cineastas chilenos. A partir de estos datos, la Cineteca Nacional ha realizado una labor de repatriación, que ha permitido retornar a Chile obras de todos los tiempos que se encontraban en Argentina, Uruguay, Cuba, Canadá y Estados Unidos, siendo una tarea que aún tiene nuevos desafíos.

Por otra parte, se han realizado procesos de restauración de patrimonio audiovisual, con la recuperación de 16 obras cinematográficas chilenas y mundiales. La Cineteca cuenta hoy en su archivo con 4.219 títulos de cine, de los cuales alrededor de un 30% corresponde a obras chilenas.