SALA ANDES

Los daimyo, que se hacen presentes en la Sala Andes a través de sus ornamentadas y feroces armaduras, recibieron además el título de “señores de la guerra”, y gobernaron Japón con el ejercito de samurái a su servicio, desde el siglo XII y hasta el s. XVII.

Durante un período de casi mil años, la disciplina y el entrenamiento de los samurái, fue evolucionando y enriqueciéndose. El adiestramiento en el arte de la katana (espada japonesa) y el tiro con arco, fue equilibrado con la enseñanza de literatura, poesía, filosofía y pintura como una forma de alcanzar la mesura en el guerrero. Los samurái, que fueron los únicos autorizados a portar armas dentro de Japón, poseían gran estatus, siendo respetados por su capacidad defensiva y también por sus importantes aportes a la sociedad civil, en su calidad de guerreros ilustrados. En consecuencia, el centro de la sala está dedicado a las más espectaculares armaduras tipo Yoroi, todas pertenecientes al período pacífico Edo.

Las primeras armaduras samurái denominadas Tanko, se originaron en el siglo V y eran fabricadas a partir de placas de hierro y correas de cuero. Posteriormente se desarrolló la armadura Keiko, hecha de finas láminas de metal y adaptada a la introducción del caballo desde Asia continental durante el siglo IV. La Yoroi, o “gran armadura” del siglo X, cargada de ornamentos y mucho más pesada, también fue utilizada por los arqueros a caballo y por samuráis de alto rango. Su función principal fue la de inspirar respeto y temor en el enemigo. En esta misma época, los guerreros de menor rango que combatían a pie, utilizaron una armadura denominada do-maru, mucho más liviana y flexible.

Fabulosos cascos inspirados en el mar, en animales y en la naturaleza, dan cuenta de la dimensión estética que está aquí siempre presente a la par de la excelencia técnica y de la deslumbrante creatividad de los artesanos de Japón.