Sala Andes

Aguamanil Irán, Kashan, fines del siglo XII – principios del siglo XIII Frita cerámica, pintado dentro de y sobre cubierta (mina’i). Altura: 33 cm Colección Madina de Arte Islámico, donación de Camilla Chandler Frost, M.2002.1.7

Sala Andes, incluye tesoros del arte islámico temprano y medieval. Las piezas dan cuenta de la dimensión sagrada y religiosa de la vida islámica. Su carácter etéreo y sutil llama al recogimiento y a la contemplación minuciosa de cada una de las piezas. La luz y el agua, que conforman parte del rito diario en la oración, se hacen aquí presentes en las hermosas lámparas y aguamaniles.

Lo divino encuentra un lugar protagónico dentro del Islam, término árabe que significa sumisión a Dios y paz. En el mundo islámico, lo sagrado se refleja en el día a día, otorgándole incluso a la vida cotidiana un estatus ceremonial y solemne. En la fe, que reúne a la comunidad islámica (Umma), se le concede un importante significado a la luz y al agua. La luz es señal de la revelación, la guía que alumbra el camino del fiel y, el Corán, su libro sagrado, es el texto que ilumina y enciende el corazón del profeta Mahoma y de sus seguidores.

El agua, que en el desierto tiene una importancia vital, en el Islam adquiere relevancia religiosa como el elemento de purificación previo a las oraciones y a la lectura del Corán. La arquitectura islámica de los grandes palacios incorpora al agua en sus jardines y fuentes, como elemento musical. El suave murmullo del agua que corre, propicia un estado de tranquilidad y reflexión.

La escritura árabe, por su parte, no se desarrolla inicialmente como una forma de comunicación tradicional, como es el caso de la caligrafía en Occidente. Por el contrario, esta práctica se perfecciona en función de la difusión del Corán. Es así que se la considera un arte noble, en tanto que es un medio de transmisión de la revelación divina. Como tal, se ha transformado en un elemento central de las artes decorativas, alcanzando un gran desarrollo estilístico.

Durante la Edad Media, en el mundo islámico florecieron las ciencias, el arte, la arquitectura, y la literatura, integrando las tradiciones clásicas, india, persa, egipcia y bizantina. Los musulmanes se encargarán no sólo de proteger y difundir este legado, sino también de desarrollarlo, creando importantes avances que perdurarán hasta la actualidad.