A 50 años del Festival de Cine de Viña del Mar 1969

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En 1969, el Festival de Cine de Viña del Mar congregó nuevas películas chilenas y latinoamericanas, como también, a sus autores. Ya en 1967, el festival había dado un vuelco y se había convertido en un festival latinoamericano. Creado en 1963, con el doctor Aldo Francia, el certamen hasta ese entonces había sido un festival para cineastas aficionados (donde participaba el mismo Francia), pero en 1966 se convirtió en un certamen que agrupó el cine que se estaba haciendo en Chile, tanto documental como ficción. Fue además un espacio donde, por primera vez, se reunieron las viejas y nuevas generaciones a discutir sobre el futuro del cine en Chile.

Fue así que al año siguiente, la organización del festival quiso desarrollar aún más esta veta y dio el salto regional. El primer Festival Latinoamericano de Cine de Viña del Mar, realizado en 1967 fue un hito, donde si bien sólo participaron cortometrajes, se organizó el Primer Encuentro de Cineastas Latinoamericanos, adonde llegaron grandes nombres como como Alfredo Guevara (Cuba), Jorge Sanjinés (Bolivia) y Glauber Rocha (Brasil).

En 1969 la ambición fue mayor y se convocaron largometrajes para que participaran de la muestra (que no era competitiva) y, además, que vinieran más cineastas para el Segundo encuentro latinoamericano.

Sin proponérselo, esta versión se convertiría en la verdadera cumbre de lo que luego se conocería como el Nuevo Cine Latinoamericano. En ella se exhibieron clásicos latinoamericanos como la argentina La hora de los hornos (Pino Solanas, Octavio Getino), la brasileña Antonio das Mortes (Glauber Rocha), el clásico boliviano Yawar Mallku (Jorge Sanjinés) y las cubanas Lucía (Humberto Solás) y Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea).

Pero el cine chileno también tuvo su despertar. De hecho, el festival abrió con el estreno mundial de Valparaíso mi amor (Aldo Francia), y tuvo también las premieres de El chacal de Nahueltoro (Miguel Littin) y de Caliche sangriento (Helvio Soto). Y además, para dar cuenta del estado general del cine local, se exhibieron Largo viaje (Patricio Kaulen) y Tres tristes tigres (Raúl Ruiz). Es decir, las cabezas de lo que hoy se denomina como Nuevo Cine Chileno.

Todo este cine, cargado de intenciones por plasmar críticamente en la pantalla grande las miserias y luchas sociales actuales e históricas de los países de la región, chocaron y se vieron mutuamente en Viña del Mar. Filmes que iban también acompañados de una intención estética que quería “descolonizarse” (la palabra más común usada por entonces) de toda visión instalada por el cine industrial o comercial, aquel proveniente principalmente de Hollywood, y que entregaba una visión deformada o alejada de la realidad que se vivía en latinoamérica.

Todos estos puntos fueron discutidos arduamente en el ya mencionado 2º Encuentro de Cineastas Latinoamericanos, que corría en paralelo a la muestra de películas. Ahí, además de los invitados internacionales, participaron los chilenos Aldo Francia, Raúl Ruiz, Miguel Littin, entre otros.

Con todos estos elementos, y con los efectos generados por las propias películas en sus respectivos periplos por el mundo, esta versión de 1969 fue creciendo en la memoria y en la historia del cine latinoamericano.

A 50 años, no hay dudas de su trascendencia. Por ello, la Cineteca Nacional de Chile conmemora su realización con este especial, donde se adjuntan tres largometrajes chilenos exhibidos en el certamen, además del documental Aldo Francia: Nuevo Cine Latinoamericano en Viña del Mar (Marcia Orell, 1994), centrado en la figura de Aldo Francia y en lo que fueron esos importantes encuentros latinoamericanos en Viña del Mar.

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